Zona crítica: La neurociencia de las adicciones tecnológicas

En una primera aproximación y sin entrar en mayores debates, podríamos considerar que la “adicción a las nuevas tecnologías” pertenece ya a las denominadas adicciones sin sustancia (categoría que incorporará la próxima Estrategia Nacional sobre Drogas).

Sabemos que un rasgo distintivo del abordaje de esta problemática es que, a diferencia de la intervención con adicciones tradicionales, no se basa en la abstinencia de la sustancia, sino en educar en el uso responsable y saludable de estas tecnologías. Es decir, no se busca desterrar las TIC de nuestra vida, sino aprender a usarlas de manera responsable.

Ahora bien, tampoco conviene perder de vista las similitudes que se van detectando entre ambos tipos de adicciones. Así, los “adictos” a las nuevas tecnologías presentan un estado de alerta o vigilia permanente hacia cualquier señal que provenga de su aparato que provoca la necesidad casi compulsiva e incontrolada de consultarlo instantáneamente, independientemente de la actividad que estén realizando. También parece que necesitan dedicar cada vez más tiempo a ellas (¿tolerancia?) y vemos que el alejamiento de las mismas provoca un cuadro que se caracteriza por síntomas concretos de angustia, ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, etc. (¿síndrome de abstinencia?), manifestaciones que desaparecen cuando se reestablece su uso. Otro punto en común es que pueden desarrollarse problemas relacionados con la autoestima, la gestión emocional y las relaciones interpersonales que pueden conducir al aislamiento más patológico (síndrome de hikikomori). Asimismo, como sucede con las adicciones tradicionales, es posible que existan determinados factores individuales que incrementen la probabilidad de usos problemáticos.

Dentro de las conexiones, aún incipientes, que se barajan entre ambas realidades, nos gustaría hoy destacar las investigaciones en torno a las consecuencias que el uso abusivo de las TIC podrían estar produciendo sobre nuestro cerebro. Y es que algunos estudios señalan que este uso podría desencadenar efectos neurológicos similares a los que provocan algunas drogas convencionales a través de su acción sobre los neurotransmisores, las sinapsis nerviosas y el circuito de recompensa cerebral. Estos aparatos conectados a la red de forma inalámbrica emiten microondas que alcanzan al cerebro y producen modificaciones funcionales en el sistema nervioso y cambios en la actividad bioeléctrica cerebral.

De confirmarse estas hipótesis, ya no podríamos estar hablando específicamente de adicciones “sin sustancia”, pues se estarían compartiendo los mecanismos fisiológicos de las propias drogas convencionales. Y si esto fuese así, sería necesario, como sucede con el resto de drogas de abuso, incorporar estrategias de prevención y tratamiento que tengan en cuenta la dimensión biológica y tecnológica del trastorno.

María Paz de la Puente Martín, directora de Fundación Aldaba – Proyecto Hombre.

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    Autor:Proyecto Hombre Valladolid - Fundación Aldaba

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